Esto no es una regla porque no sé si alguien haya logrado resolverlo con elegancia. Yo, a pesar de mi infinita cortesía, debo confesarme vencida por este detalle: ¿Cuál es el protocolo de saludo correcto con una persona a la que se ve varias veces en el día?
Permítanme ilustrar la situación.
La Srita. de la Corcuera llega puntualmente cada mañana a su recinto laboral y, con suma cortesía, les desea un buen día a los dos guardias de seguridad que se encuentran en el foyer (recepción, para los monolingües). Si se ve en la necesidad de salir del edificio en algún momento del día, se despide educadamente de los mismos guardias, y al reingresar los saluda de nuevo. Y sí, se gastan muchas palabras en este proceso, pero uno siempre debe ser muy educado.
Todo esto es muy intuitivo y no presenta grandes problemas protocolarios, pero hay dos situaciones cruciales en las que, al no saber qué expresión de saludo usar, sólo sonríe y hace un gesto con la cabeza.
Situación 1 - Encontrar al "poli" en las escaleras
Infiero que, en algún momento del día, los guardias tienen órdenes de hacer un recorrido por el edificio para asegurarse que nadie está vandalizando las paredes o cometiendo actos lascivos en los pasillos. También puede ser que necesiten usar el WC. Cualquiera que sea el motivo, eventualmente se les puede ver subiendo y bajando por la escalera. Ahora, la Srita. de la Corcuera ya saludó al hombre al llegar. De repente sale del tocador de damas y se encuentra con él. ¿Debe decir "buenos días" ("buenas tardes" si es después de las 12, no se olviden) de nuevo? ¿Debe decir otra cosa? ¿No creen que "hola" es bastante inapropiado para saludar al guardia de seguridad del edificio donde fingen que trabajan?
Al no haber encontrado una solución ideal, la Srita. de la Corcuera se limita a inclinar su cabecita y sonreir.
Situación 2 - Las visitas al sótano
Primero aclaremos un punto, la Srita. de la Corcuera visita el sótano porque ahí se encuentra la máquina expendedora de golosinas. Por favor absténganse de imaginar tonterías.
Cuando se visita el sótano, y si se utilizan las escaleras para hacerse la ilusión de que se quema un número significativo de calorías, se debe pasar frente al escritorio de los guardias. Lo mismo que con la situación uno, la Srita. Corcuera lo resuelve con una inclinación de cabeza y una bella sonrisa, pero ¿es ésta la mejor forma? Además, el guardia siempre murmura algún tipo de saludo, y no está bien que el guardia pretenda ser más cortés que la Srita. de la Corcuera.
Queridos oficinistas, a quien haya resuelto este problema protocolario y me obsequie con la mejor solución le invitaré a escribir un post al respecto y será acreedor a mi profunda admiración.
El manual para convertirse en el oficinista que siempre soñó.
miércoles, 29 de febrero de 2012
martes, 28 de febrero de 2012
Regla # 3 - No masque chicle todo el día como si hubiera sido criado por camellos u otro rumiante
El chicle es un objeto muy polémico. En ocasiones, cuando uno necesita un método de escape para su ansiedad diferente de la muy efectiva pero socialmente reprobable agresión verbal a los compañeros, es muy útil mascar un Max Air con furia.
También resulta útil cuando uno se sabe incapaz resistir el canto de sirenas que surge de la taquería más cercana a su recinto laboral. Después de degustar "5 de pastor con todo" lo mejor para su autoestima y confianza es mascar un chicle para ahorrarse la preocupación por el aroma a cebolla y cilantro que puede emanar de su cavidad bucal.
Aunque no sea uno de mis placeres predilectos, el chicle no me parece algo tan descortés. Otros manuales de buenas costumbres lo condenan como un vicio sólo digno de meretrices y tortilleras, pero yo tiendo a ser un poco más tolerante con él.
El problema surge cuando usted se empeña en abusar de la goma de mascar y consumirla incesantemente durante las 8 horas de jornada laboral. El chicle a las 9 AM no tiene razón de ser, querido oficinista. Suponemos que cepilló sus dientes antes de llegar. Esperamos que haya cepillado sus dientes antes de llegar. Dígame entonces, ¿por qué siente la necesidad de mascar chicle a esas horas? ¿Acaso se prepara para dar un beso apasionado?¿Quiere usted ejercitar sus músculos faciales?
Otro problema es la forma en que masca la goma. Si usted cree que una masticación correcta consiste en mover los maxilares de un lado a otro o trazar una especie de círculo imaginario con la mándibula le recomiendo ampliamente visitar a un odontólogo de su confianza, y le informo que esto no es cortés.
Usted no es una vaca, cabra, oveja, caballo, dromedario o camello. El masticar por horas y horas no traerá beneficio alguno a su organismo y reducirá significativamente su elegancia.
Si usted fue criado por una manada de camellos es posible que nadie le haya enseñado hábitos masticatorios correctos. Simplemente intente no rumiar mientras se encuentre en compañía de otros humanos.
También resulta útil cuando uno se sabe incapaz resistir el canto de sirenas que surge de la taquería más cercana a su recinto laboral. Después de degustar "5 de pastor con todo" lo mejor para su autoestima y confianza es mascar un chicle para ahorrarse la preocupación por el aroma a cebolla y cilantro que puede emanar de su cavidad bucal.
Aunque no sea uno de mis placeres predilectos, el chicle no me parece algo tan descortés. Otros manuales de buenas costumbres lo condenan como un vicio sólo digno de meretrices y tortilleras, pero yo tiendo a ser un poco más tolerante con él.
El problema surge cuando usted se empeña en abusar de la goma de mascar y consumirla incesantemente durante las 8 horas de jornada laboral. El chicle a las 9 AM no tiene razón de ser, querido oficinista. Suponemos que cepilló sus dientes antes de llegar. Esperamos que haya cepillado sus dientes antes de llegar. Dígame entonces, ¿por qué siente la necesidad de mascar chicle a esas horas? ¿Acaso se prepara para dar un beso apasionado?¿Quiere usted ejercitar sus músculos faciales?
Otro problema es la forma en que masca la goma. Si usted cree que una masticación correcta consiste en mover los maxilares de un lado a otro o trazar una especie de círculo imaginario con la mándibula le recomiendo ampliamente visitar a un odontólogo de su confianza, y le informo que esto no es cortés.
Usted no es una vaca, cabra, oveja, caballo, dromedario o camello. El masticar por horas y horas no traerá beneficio alguno a su organismo y reducirá significativamente su elegancia.
Si usted fue criado por una manada de camellos es posible que nadie le haya enseñado hábitos masticatorios correctos. Simplemente intente no rumiar mientras se encuentre en compañía de otros humanos.
lunes, 27 de febrero de 2012
Regla # 2 - No bloquee los pasillos por saludar a toda la oficina como si fuera reina de la primavera
Existen personas que sienten la necesidad de saludar a todos los empleados de la compañía. Sus madres se esmeraron tanto en su educación que son incapaces de simplemente dar un "buenos días" general e ir a sentarse. No, en sus mentes creen que deben recorrer el local repartiendo su cornucopia de besos y apretones de manos.
Normalmente, querido oficinista, yo estaría en pro de la cortesía extrema y aplaudiría los loables esfuerzos educativos de sus madres pero existe un gran problema con esta práctica: estorban muchísimo el paso de las personas a las que no están saludando.
La era de las oficinas enormes tipo Mad Men donde todos tenían 50 metros cuadrados de espacio vital se acabó en los ochentas. En este nuevo milenio nuestras kinesferas están siempre invadidas por los oficinistas vecinos, y usted no ayuda a mejorar la situación mientras danza entre las sillas ergonómicas dando muestras de afecto.
Si, además, su ruta de besos pasa por la principal vía de acceso al garrafón de agua y a la cafetera no sólo incomodará a sus camaradas sino que se convertirá en un riesgo para quienes transitan con una taza humeante o un vaso de agua helada en sus manos.
Por último, si decide perder toda compostura e ir por la vida saludando a todos como le enseñó su abuelita, al menos evite hacerlo sobre su silla. Las sillas no son un medio de locomoción seguro para nadie.
Decir "Buenos días" al llegar a su sitio de trabajo es cortesía suficiente a menos que sea usted candidato a un puesto político o Juan Pablo II.
Normalmente, querido oficinista, yo estaría en pro de la cortesía extrema y aplaudiría los loables esfuerzos educativos de sus madres pero existe un gran problema con esta práctica: estorban muchísimo el paso de las personas a las que no están saludando.
La era de las oficinas enormes tipo Mad Men donde todos tenían 50 metros cuadrados de espacio vital se acabó en los ochentas. En este nuevo milenio nuestras kinesferas están siempre invadidas por los oficinistas vecinos, y usted no ayuda a mejorar la situación mientras danza entre las sillas ergonómicas dando muestras de afecto.
Si, además, su ruta de besos pasa por la principal vía de acceso al garrafón de agua y a la cafetera no sólo incomodará a sus camaradas sino que se convertirá en un riesgo para quienes transitan con una taza humeante o un vaso de agua helada en sus manos.
Por último, si decide perder toda compostura e ir por la vida saludando a todos como le enseñó su abuelita, al menos evite hacerlo sobre su silla. Las sillas no son un medio de locomoción seguro para nadie.
Decir "Buenos días" al llegar a su sitio de trabajo es cortesía suficiente a menos que sea usted candidato a un puesto político o Juan Pablo II.
domingo, 26 de febrero de 2012
Regla # 1 - Es de pésimo gusto no compartir su pastel de cumpleaños.
Querido oficinista, esta regla es una de las más importantes del manual, y posiblemente la más importante regla de etiqueta que aprenderá en su vida.
Puede ser que el pastel sea lo único que da sentido a la vida del oficinista moderno. Sabemos que es una bomba de azúcar y grasas vegetales parcialmente hidrogenadas con el potencial de provocar un coma diabético, además de no estar incluido en la lista de alimentos nutritivos de la SEP, pero su efectividad para hacernos olvidar que pasamos media vida encerrados mirando al monitor es tan alta que ignoramos gozosamente estos detalles insanos.
Aún cuando algunos de sus colegas no sean de su agrado, o incluso tengan su absoluta desaprobación, debe recordar que un trozo de pastel y un vaso de agua no se le niegan a nadie. Por ello, debo urgirle a que comparta su pastel con TODOS. Incluso con los diseñadores que lo critican y tratan de humillarlo con sus Mac y esas tabletas para trazar que parecen tan divertidas.
Muchos de los que se acerquen a departir no sabrán ni su nombre ni el motivo de la celebración, y simplemente se acercarán para obtener un poco de dicha azucarada a costa suya. No importa. Cuando se trata de pastel, incluso los buitres merecen una rebanada.
Y hablando de etiqueta pastelera, debo recordarle que tan exquisito alimento debe acompañarse con una bebida igualmente deleitosa. La mejor opción será siempre una taza de té. Si sus papilas gustativas son demasiado burdas para esta bebida, el café, la mimosa o el chocolate son todas alternativas aceptables. El refresco es una opción viable solamente si está pensando en la diabetes como forma de vida.
La única bebida no aceptable es la leche, y menos aún si es leche saborizada. Francamente, si tiene más de siete años y continúa con esta práctica, le recomiendo que crezca de una vez.
Puede ser que el pastel sea lo único que da sentido a la vida del oficinista moderno. Sabemos que es una bomba de azúcar y grasas vegetales parcialmente hidrogenadas con el potencial de provocar un coma diabético, además de no estar incluido en la lista de alimentos nutritivos de la SEP, pero su efectividad para hacernos olvidar que pasamos media vida encerrados mirando al monitor es tan alta que ignoramos gozosamente estos detalles insanos.
Aún cuando algunos de sus colegas no sean de su agrado, o incluso tengan su absoluta desaprobación, debe recordar que un trozo de pastel y un vaso de agua no se le niegan a nadie. Por ello, debo urgirle a que comparta su pastel con TODOS. Incluso con los diseñadores que lo critican y tratan de humillarlo con sus Mac y esas tabletas para trazar que parecen tan divertidas.
Muchos de los que se acerquen a departir no sabrán ni su nombre ni el motivo de la celebración, y simplemente se acercarán para obtener un poco de dicha azucarada a costa suya. No importa. Cuando se trata de pastel, incluso los buitres merecen una rebanada.
Y hablando de etiqueta pastelera, debo recordarle que tan exquisito alimento debe acompañarse con una bebida igualmente deleitosa. La mejor opción será siempre una taza de té. Si sus papilas gustativas son demasiado burdas para esta bebida, el café, la mimosa o el chocolate son todas alternativas aceptables. El refresco es una opción viable solamente si está pensando en la diabetes como forma de vida.
La única bebida no aceptable es la leche, y menos aún si es leche saborizada. Francamente, si tiene más de siete años y continúa con esta práctica, le recomiendo que crezca de una vez.
sábado, 25 de febrero de 2012
Prefacio
Este manual le ayudará a transitar por la corporación con gracia, elegancia, porte y distinción. Sus compañeros oficinistas encontrarán que el trato con usted es delicioso y le obsequiarán con numerosos cumplidos y, más importante aún, rebanadas de pastel de cumpleaños.
Pero al seguir esta serie de reglas de urbanidad y buenas costumbres no sólo obtendrá golosinas. Con estos sabios consejos agradará tanto a sus colegas que nunca volverá a ser víctima de daños a su persona, hurto de lápices, cambio alevoso de sillas ergonómicas, desaparición de cinta adhesiva o intentos de homicidio ocasionales.
Espero que este texto sea de gran utilidad para su vida oficinil y que disfrute enormemente su lectura, que por cierto se recomienda hacer durante sus horas de trabajo.
C. de la Corcuera, Coach Social
Pero al seguir esta serie de reglas de urbanidad y buenas costumbres no sólo obtendrá golosinas. Con estos sabios consejos agradará tanto a sus colegas que nunca volverá a ser víctima de daños a su persona, hurto de lápices, cambio alevoso de sillas ergonómicas, desaparición de cinta adhesiva o intentos de homicidio ocasionales.
Espero que este texto sea de gran utilidad para su vida oficinil y que disfrute enormemente su lectura, que por cierto se recomienda hacer durante sus horas de trabajo.
C. de la Corcuera, Coach Social
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