Queridos, el casual friday es como la homeopatía: las dosis pequeñas de casual son muy buenas y nos hacen muy felices, pero si se nos pasa la mano el casual se vuelve veneno.
Yo quisiera que todos nos vistiéramos como si fuera 1963. Todos luciríamos de lo más atractivos, pero probablemente seríamos en extremo infelices con tantas fajillas, medias, ligas, corbatas, sombreros y otras prendas represoras que se usaban antaño.
Y no es que tenga nada en contra de los jeans, los tennis y las playeras. Preo existen algunos looks que en verdad no contribuyen a la creación de un ambiente laboral agradable.
Si usted es John Galliano o Karl Lagerfeld puede vestir como le dé la gana. Si no, los principales looks a evitar son los siguientes:
1- Galán de balneario - Sí, sabemos que el calor ha llegado a la Ciudad de México. Sí, también sabemos que muy pronto comenzará a llover torrencialmente y el calor dejará de existir y quiere aprovecharlo al máximo. Y también sabemos que decidió visitar el gimnasio como si no hubiera un mañana. Pero eso no es razón suficiente para vestirse como la musculoca de Acapulcoy atormentarnos a todos con las playeras demasiado cortas que dejan ver sus carnes cada vez que levanta los brazos.
2. Reina del antro - Señorita oficinista, es muy probable que en cuanto el reloj marque las 18:00 hrs usted salga corriendo cual gacela a encontrarse con sus amigas antreras para vivir una noche de locura y desenfreno. Todo esto está muy bien, pero le daré un consejo: deje el mini vestido de lycra tipo Bibi Gaytán en los 90 en su bolsa de mano y póngaselo al terminar su jornada laboral. También puede aprovechar ese momento para ponerse la sombra con glitter y los tacones de stripper. Verá que el no pasar de las 9 AM a las 6 PM con este outfit antrero le hará más ameno el día y además no será objeto del vituperio público.
3. Extremely casual friday - Hace eones, cuando yo iba al kinder Montessori, cantabamos una canción en la que nos enseñaban que había comportamientos apropiados para cada lugar. Yo aprendí esto a la perfección y me entristece ver que en las escuelas tradicionales nunca se ocuparon de otorgarles esta perla de sabiduría. Haciendo gala de gran generosidad, yo les transmitiré este indispensable conocimiento:
Los pants que usa para dormir, los shorts para regar el jardín, el leotardo con el que practica yoga, los Crocs que compró hace 10 años y la faldita que usaba en 6° de primaria no tienen cabida en la oficina. Úselos para dormir, regar el jardín y practicar yoga, pues para eso fueron creados. Practique el desapego y tire los Crocs a la basura y, por favor, queme la faldita. El vintage deja de ser chic cuando las prendas no son de su talla.
4. Shorts - Habrá mucha gente que no esté de acuerdo en este punto, pero a mi parecer los shorts son un complot del demonio para hacer que la gente luzca mal. Les funcionan a muy contadas personas, y todas ellas tienen menos de 25 años. Si además resulta que, por alguna razón que no alcanzaré a comprender jamás, su blusa es más larga que sus shorts sólo puedo recomendarle una cosa: tome el próximo avión a la playa más cercana, porque es el único lugar donde su ensamble va a funcionar.
El manual para convertirse en el oficinista que siempre soñó.
lunes, 12 de marzo de 2012
viernes, 2 de marzo de 2012
Regla # 4 - No ponga su silla en el medio del pasillo cual obstáculo de carrera olímpica
Por favor. sea cortés y recuerde que habemos otros muchos seres humanos habitando esta oficina. Si leyó la regla # 2, o es una persona medianamente educada, está conciente de la falta de espacio y consecuente invasión kinesférica en la oficina.
Si no ha leído la regla antes citada, permítame explicar mi punto.
Las oficinas no son lugares tan espaciosos como se podría desear. Algunas son francamente demasiado pequeñas para la cantidad de gente que albergan. Otras no son tan pequeñas, pero la falta de encanto de los colegas nos hacen sentir que estamos en un closet de escobas de 2 x 2 m.
Bien, si usted desea ser un encantador oficinista, por piedad no ponga su silla en el pasillo cual obstáculo de carrera olímpica. Sí, necesitamos ejercitarnos como dice el comercial de la radio, pero tenga en cuenta que el salto de silla ergonómica no es un deporte reconocido por el Comité Olímpico Internacional ni una práctica segura. Piensen en las personas corteses que precisan beber una taza de té por las mañanas y se ven obligados a transportar un receptáculo de agua hirviente entre el laberinto de sillas que ha creado con su falta de consideración.
Usted puede argumentar que necesita consultar a sus colegas y eso le lleva a crear pequeños racimos de sillas en el pasillo. No, querido. Si requiere un coloquio con sus pares, superiores o subordinados, vaya a una sala de juntas. Y si va a consultar a un sólo colega, ¡permanezca de pie! Así evitará ocupar 40 metros cuadrados de la oficina y también estará tomando medidas para prevenir las várices al no permanecer ocho horas sentado.
Si decide tener el pésimo gusto de formar grupúsculos de sillas que impiden el paso, al menos tenga el buen gusto de devolverlas a su lugar al terminar de socializar. No nos obligue a afirmar que su madre no se esmeró en su educación.
Si no ha leído la regla antes citada, permítame explicar mi punto.
Las oficinas no son lugares tan espaciosos como se podría desear. Algunas son francamente demasiado pequeñas para la cantidad de gente que albergan. Otras no son tan pequeñas, pero la falta de encanto de los colegas nos hacen sentir que estamos en un closet de escobas de 2 x 2 m.
Bien, si usted desea ser un encantador oficinista, por piedad no ponga su silla en el pasillo cual obstáculo de carrera olímpica. Sí, necesitamos ejercitarnos como dice el comercial de la radio, pero tenga en cuenta que el salto de silla ergonómica no es un deporte reconocido por el Comité Olímpico Internacional ni una práctica segura. Piensen en las personas corteses que precisan beber una taza de té por las mañanas y se ven obligados a transportar un receptáculo de agua hirviente entre el laberinto de sillas que ha creado con su falta de consideración.
Usted puede argumentar que necesita consultar a sus colegas y eso le lleva a crear pequeños racimos de sillas en el pasillo. No, querido. Si requiere un coloquio con sus pares, superiores o subordinados, vaya a una sala de juntas. Y si va a consultar a un sólo colega, ¡permanezca de pie! Así evitará ocupar 40 metros cuadrados de la oficina y también estará tomando medidas para prevenir las várices al no permanecer ocho horas sentado.
Si decide tener el pésimo gusto de formar grupúsculos de sillas que impiden el paso, al menos tenga el buen gusto de devolverlas a su lugar al terminar de socializar. No nos obligue a afirmar que su madre no se esmeró en su educación.
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