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viernes, 2 de marzo de 2012

Regla # 4 - No ponga su silla en el medio del pasillo cual obstáculo de carrera olímpica

Por favor. sea cortés y recuerde que habemos otros muchos seres humanos habitando esta oficina. Si leyó la regla # 2, o es una persona medianamente educada,  está conciente de la falta de espacio y consecuente invasión kinesférica en la oficina.

Si no ha leído la regla antes citada, permítame explicar mi punto.
Las oficinas no son lugares tan espaciosos como se podría desear. Algunas son francamente demasiado pequeñas para la cantidad de gente que albergan. Otras no son tan pequeñas, pero la falta de encanto de los colegas nos hacen sentir que estamos en un closet de escobas de 2 x 2 m.

Bien, si usted desea ser un encantador oficinista, por piedad no ponga su silla en el pasillo cual obstáculo de carrera olímpica.  Sí, necesitamos ejercitarnos como dice el comercial de la radio, pero tenga en cuenta que el salto de silla ergonómica no es un deporte reconocido por el Comité Olímpico Internacional ni una práctica segura. Piensen en las personas corteses que precisan beber una taza de té por las mañanas y se ven obligados a transportar un receptáculo de agua hirviente  entre el laberinto de sillas que ha creado con su falta de consideración.

Usted puede argumentar que necesita consultar a sus colegas y  eso le lleva a crear pequeños racimos de sillas en el pasillo. No, querido. Si requiere un coloquio con sus pares, superiores o subordinados, vaya a una sala de juntas. Y si va a consultar a un sólo colega, ¡permanezca de pie! Así evitará ocupar 40 metros cuadrados de la oficina y también estará tomando medidas para prevenir las várices al no permanecer ocho horas sentado.

Si decide tener el pésimo gusto de formar  grupúsculos de sillas que impiden el paso, al menos tenga el buen gusto de devolverlas a su lugar al terminar de socializar. No nos obligue a afirmar que su madre no se esmeró en su educación.  

martes, 28 de febrero de 2012

Regla # 3 - No masque chicle todo el día como si hubiera sido criado por camellos u otro rumiante

El chicle es un objeto muy polémico. En ocasiones, cuando uno necesita un método de escape para su ansiedad diferente de la muy efectiva pero socialmente reprobable  agresión verbal a los compañeros, es muy útil  mascar un Max Air con furia. 

También resulta útil cuando uno se sabe incapaz resistir el canto de sirenas que surge de la taquería más cercana a su recinto laboral. Después de degustar "5 de pastor con todo" lo mejor para su autoestima y confianza es mascar un chicle para ahorrarse la preocupación por el aroma a cebolla y cilantro que puede emanar de su cavidad bucal.

Aunque no sea uno de mis placeres predilectos, el chicle no me parece algo tan descortés. Otros manuales de buenas costumbres lo condenan como un vicio sólo digno de meretrices y tortilleras, pero yo tiendo a ser un poco más tolerante con él.

El problema surge cuando usted se empeña en abusar de la goma de mascar y consumirla incesantemente durante las 8 horas de jornada laboral. El chicle a las 9 AM  no tiene razón de ser, querido oficinista. Suponemos que cepilló sus dientes antes de llegar. Esperamos que haya cepillado sus dientes antes de llegar. Dígame entonces, ¿por qué siente la necesidad de mascar chicle a esas horas? ¿Acaso se prepara para dar un beso apasionado?¿Quiere usted ejercitar sus músculos faciales?

Otro problema es la forma en que masca la goma. Si usted cree que una masticación correcta consiste en mover los maxilares de un lado a otro o trazar una especie de círculo imaginario con la mándibula le recomiendo ampliamente visitar a un odontólogo de su confianza, y le informo que esto no es cortés.

Usted no es una vaca, cabra, oveja, caballo, dromedario o camello. El masticar por horas y horas no traerá beneficio alguno a su organismo y reducirá significativamente su elegancia.

Si usted fue criado por una manada de camellos es posible que nadie le haya enseñado hábitos masticatorios correctos. Simplemente intente no rumiar mientras se encuentre en compañía de otros humanos.

sábado, 25 de febrero de 2012

Prefacio

Este manual le ayudará a transitar por la corporación con gracia, elegancia, porte y distinción. Sus compañeros oficinistas encontrarán que el trato con usted es delicioso y le obsequiarán con numerosos cumplidos y, más importante aún,  rebanadas de pastel de cumpleaños.

Pero al seguir esta serie de reglas de urbanidad y buenas costumbres no sólo obtendrá golosinas. Con estos sabios consejos agradará tanto a sus colegas que nunca volverá a  ser  víctima de daños a su persona, hurto de lápices, cambio alevoso de sillas ergonómicas, desaparición de cinta adhesiva o intentos de homicidio ocasionales.

Espero que este texto sea de gran utilidad para su vida oficinil y que disfrute enormemente su lectura, que por cierto se recomienda hacer durante sus horas de trabajo.

C. de la Corcuera, Coach Social